Entre Altares y Recuerdos, México Vive en Nashville

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El Día de los Muertos es una tradición mexicana que se celebra desde épocas prehispánicas durante los días 1 y 2 de noviembre. Tiene su origen en la Europa medieval y fue instituido por la Iglesia católica para celebrar a Todos los Santos, es decir, a los beatos y canonizados, pero principalmente a los santos desconocidos. Según el INAFED (Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal), el Día de Muertos, en la visión indígena, implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor. Estas ofrendas conservan un significado simbólico que permite el reencuentro entre los muertos y sus familias o seres queridos en vida.

Altar conmemorativo
Foto por Diana Rosales. Cortesía de Cheekwood Estate & Gardens.

Durante esta festividad, elementos como La Catrina —creada por José Guadalupe Posada en 1910 como parte de una litografía satírica— se incorporan para representar la actitud mexicana ante la vida y la muerte: una mezcla de tradiciones indígenas y europeas donde la muerte se celebra como parte del ciclo vital. La Catrina encarna el humor y la belleza de la existencia, recordándonos que debemos honrar a nuestros antepasados y vivir plenamente. La importancia de esta celebración para los mexicanos ha hecho que muchos de ellos la continúen conmemorando aun fuera de su país de origen, como una forma de mantener viva la espera y el recuerdo de los familiares y seres queridos fallecidos.

Uno de los eventos que conmemoran esta festividad se realiza en Nashville, Tennessee, en las instalaciones de Cheekwood Estate & Gardens, el primer fin de semana de noviembre de cada año. Entre una gran variedad de actividades, este evento incluye danzas folclóricas típicas de México, desfile de catrinas, exposición de altares de Día de Muertos con sus respectivas ofrendas, música en vivo y representaciones indígenas, además de la venta de comida típica mexicana y de otros países latinoamericanos.

Este año acudí nuevamente a las instalaciones de Cheekwood para la celebración del Día de los Muertos. Apenas al entrar, el establecimiento te recibe con grandes jardines decorados con temática de otoño, con calabazas y flores en tonos cálidos y anaranjados. Asimismo, los food trucks con comida típica mexicana —entre los que destacan los tacos de birria, elotes preparados, horchata, agua de jamaica y dulces tradicionales como el pan de muerto, las calaveras de azúcar y las conchas— te envuelven con sus aromas irresistibles que invitan a probarlos.

No muy lejos, en el Massey Auditorium, se encuentra la exposición de altares de Día de los Muertos, en la que diversas fundaciones, instituciones e incluso escuelas presentan altares que incluyen elementos característicos como la flor de cempasúchil, fotografías de familiares fallecidos, juguetes para los niños difuntos, comidas y dulces típicos, además de platillos que las almas disfrutaban en vida, como el pozole, el mole, Jarritos o Coca-Cola, fruta, agua y vino. Elementos como veladoras, velas, sal, flores, copal e incienso también estuvieron presentes, simbolizando la purificación, la luz que guía el camino al mundo terrenal, la limpieza de los malos espíritus y la festividad.

Personalmente, me gustó cómo cada altar utilizó estos elementos de manera original y artística, haciendo de la conmemoración una experiencia placentera y reflexiva, con colores vibrantes y detalles personales que invitan a pensar en la vida de quienes ya partieron. Por otro lado, pequeños negocios también participaron en el evento, ofreciendo artesanías inspiradas en la festividad, como llaveros, velas, ropa, almohadas y pinturas, entre otros productos. Esto no solo ayudó a apoyar a los emprendedores locales, sino también a que los asistentes pudieran llevarse un recuerdo único de la celebración.

Danzas folklóricas
Foto por Diana Rosales. Cortesía de Cheekwood Estate & Gardens.

Asimismo, en el espacio al aire libre Arboretum Lawn, se presentaron distintos números de danza folclórica con la participación de la Danza Azteca Guadalupana, Los Lirios Folklóricos, Folklore Iyali, Cane Ridge HS Dance Group y el Grupo Folklórico Raíces de mi Tierra. Cada presentación estuvo llena de color, ritmo y energía, destacando la diversidad cultural y la riqueza de las tradiciones mexicanas. En particular, los bailarines que interpretaron una danza indígena cautivaron al público con sus vestuarios elaborados, adornados con plumajes coloridos en la cabeza y cascabeles en las pantorrillas que, al moverse al ritmo de los tambores, producían un sonido que recordaba al fluir del agua o al murmullo de un río. La fuerza de sus movimientos y la sincronía con la música creaban una atmósfera mística e hipnótica, que conectaba directamente con las raíces ancestrales de la festividad. Fue, sin duda, un espectáculo emocionante y lleno de significado, que permitió a los asistentes apreciar la profundidad cultural del Día de los Muertos más allá de las ofrendas y los altares: una celebración de la vida, la memoria y la identidad.

Foto por Diana Rosales. Cortesía de Cheekwood Estate & Gardens.

Finalmente, el desfile de las Catrinas (Fashion Show featuring Las Catrinas) presentó múltiples vestuarios inspirados en la tradicional figura de la catrina mexicana. Los atuendos destacaban por el maquillaje de calavera en el rostro, adornado con piedras de colores, brillos y detalles de glitter que realzaban la expresión de cada participante. Las coronas de flores decoraban la cabellera de las modelos, quienes llevaban peinados recogidos en trenzas entrelazadas con listones de colores, un detalle que aportaba un toque artesanal y festivo. Los vestuarios, aunque coloridos, variaban según el estilo personal de cada modelo. Algunas optaron por tonos fúnebres como el negro con encaje, combinado con flores moradas o rojas, mientras que una en particular destacó por lucir un traje blanco, semejante al de una novia. Su vestido, con bordados delicados y un velo translúcido, evocaba la imagen poética de una novia difunta, fusionando elegancia y simbolismo en una representación que cautivó al público.

El Día de los Muertos en Cheekwood se consolida como un espacio de encuentro entre la tradición y la diversidad cultural. Más allá de su belleza visual, el evento representa la fuerza de una comunidad que mantiene vivas sus raíces y las comparte con orgullo. En un entorno artístico y familiar, esta conmemoración demuestra que honrar a los que ya partieron también es una manera de celebrar la vida, la memoria y la continuidad de la cultura mexicana.



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