¡Toto, creo que ya no estamos en Kansas!

Rosa de Teatrocinema: una entrevista sobre arte, memoria y el poder de las mujeres

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Teatrocinema es un grupo chileno de arte y teatro en vivo conocido por sus imágenes mágicas y su enfoque único de la narración. Como artistas de talla mundial, han tenido la oportunidad de viajar a países como China, España, Alemania y varios otros. Previo a su debut en Estados Unidos con la obra Rosa, una experiencia multimedia sobre la vida de la actriz ficticia Rosa, tuve la oportunidad de entrevistar por correo electrónico a Montserrat Antileo Antequerra, directora multimedia, guionista y editora de Teatrocinema.

Rian Dennis [RD]: En la obra, el personaje de Rosa, encarna a una actriz entrada en edad que reflexiona sobre momentos significativos de su vida y de su carrera, marcados por el amor y la agitación política en Chile, mientras permanece congelada en el tiempo. ¿Hubo alguna persona en particular que inspiró esta historia? ¿Y por qué es importante contarla ahora?

La historia de Rosa nace de muchas mujeres. Es el eco acumulado de actrices, madres, creadoras, trabajadoras del arte y de la vida, que han dejado cuerpo, memoria y voz en los escenarios y en la historia reciente de Chile. Rosa es, al mismo tiempo, la síntesis de aquellas mujeres que el torbellino político, el paso del tiempo o la soledad quisieron relegar al silencio, pero que se resisten a desaparecer. El personaje se inspira en la experiencia de mujeres que han sostenido el oficio teatral con valentía y sensibilidad, y cuya humanidad con sus dudas, su humor, su fragilidad y su potencia, resuena en cada gesto de Laura Pizarro, actriz que interpreta este monólogo con profunda maestría.

Contarla hoy es urgente. La memoria femenina en la política, en el arte, en los cuerpos y en los afectos continúa siendo, algunas veces, subvalorada o invisibilizada. Rosa recuerda que la historia no avanza sin la fuerza de las mujeres; ni en la dictadura militar de los años 70, ni en el estallido social, ni en los silencios de la pandemia. En un país donde la memoria ha sido fragmentada, Rosa detiene el tiempo para mirar de frente aquello que nos ha marcado; los sueños colectivos, las derrotas, las utopías, el amor y la resiliencia. Su importancia hoy está en devolver humanidad a aquello que parecía enterrado por la vorágine, recordándonos que ninguna vida, y menos la de una mujer creadora, desaparece del todo mientras tenga palabras, imágenes y luz que la sostengan.

[RD]: ¿Qué hace que el estilo de las artes visuales y el teatro en vivo sea tan efectivo para contar historias como Rosa?

Porque la escena se convierte en un lienzo vivo. En Rosa, la pintura es lenguaje; cada trazo lleva una emoción, temblor, rabia, ternura, memoria. Allí donde el realismo se detiene, la pintura abre grietas para que aparezcan múltiples lecturas, sensaciones y sentidos. La visualidad busca alejarse del realismo. La imagen pintada vibra como un recuerdo inacabado, fragmentario, simbólico. Invitando a que el espectador complete, traduzca y descubra.

La pintura respira junto al cuerpo de la actriz, que habita estos espacios como un camaleón, a veces se funde, y otras veces se despega para ser una observadora activa de sus propios recuerdos. Así, el público viaja entre cuadros donde lo íntimo, lo onírico, lo profundo, lo simbólico se entrelazan. La imagen aparece y desaparece, revelando zonas inesperadas, bellas y sorprendentes, expandiendo el monólogo hacia territorios sutiles, sensibles y surrealistas.

[RD]: ¿Por qué consideran que Nashville es el lugar adecuado para el estreno de Rosa en Estados Unidos?

Es la primera vez que Rosa se presenta fuera de Chile y eso nos mueve entre la curiosidad y una emoción profunda. Nos entusiasma la posibilidad de descubrir cómo resonará en un público distinto, con otra cultura, otro idioma y otras memorias. Nos interesa ver qué sucede emocionalmente, qué imágenes quedan vibrando, qué preguntas despierta y qué ecos se generan después de la función.

Rosa es una obra del siglo XXI, donde se mezclan teatro en vivo, animación, música y artes plásticas para construir un lenguaje sensorial que va más allá de la palabra. Por eso, llegar a Nashville significa abrir la experiencia a nuevas miradas y nuevas lecturas. Sabemos que la obra dialoga con temas universales, la memoria, la identidad, el paso del tiempo, pero el encuentro con el público estadounidense es un territorio nuevo y fértil. Será una conversación que recién comienza…

[RD]: Me sorprendió saber que Teatrocinema está conformado por solo nueve miembros principales. ¿De qué manera influye el trabajo en un grupo compacto y unido en su proceso creativo y en sus presentaciones?

Trabajar en un grupo pequeño significa que cada persona es esencial. Nos conocemos profundamente y esa cercanía crea un lenguaje común que ya es parte del ADN de Teatrocinema. La obra nace de la escucha constante, el ego queda a un lado y lo que guía es la creación misma, que va pidiendo, descartando y revelando el camino. “La evidencia de la acción” la llamamos nosotros. Somos un equipo multidisciplinario; cada integrante aporta desde su especialidad y muchas veces, asume más de un rol. Eso nos permite cuidar cada detalle artístico y técnico. Buscamos la belleza, la precisión y un horizonte compartido.

[RD]: El grupo se formó originalmente como La Troppa en los años ochenta y se reformó como Teatrocinema en 2005. En estos veinte años de existencia, sumando éxitos en distintos países del mundo, ¿Cómo ha contribuido el presentar obras tan íntimas ante públicos tan diversos a expandir sus intereses e inquietudes creativas iniciales?

Presentar nuestras creaciones ante públicos tan diversos nos ha demostrado que la emoción es un lenguaje universal. Aunque cada país tenga su propia cultura, hay experiencias humanas que todos reconocemos, la memoria, el amor, la fragilidad, el humor, la pérdida… Ese diálogo con otras audiencias nos amplía la mirada, haciéndonos crecer como creadores y como humanos. Cada viaje llena de cuerpo las creaciones. El público descubre sentidos y lecturas que nosotros no siempre vemos, y esa retroalimentación enriquece nuestra búsqueda creativa. Mostrar nuestra intimidad en escenarios lejanos es un acto de confianza, y cuando el público la recibe, la obra crece, se expande y sigue viva.

Una mujer que carga con años de historias, silencios, luchas y belleza. Cada elemento, el vestuario, el color, la textura, está pensado como una extensión de su memoria. Nos inspiramos en las mujeres que nacen sobre escenarios, en cuadros pictóricos, en imaginarios, en un colibrí, cuya fragilidad convive con una fuerza inmensa. En Rosa hay algo cotidiano, reconocible, pero también algo sutilmente simbólico. Su figura puede atravesar el tiempo, ser joven, adulta y anciana en un mismo gesto. La iluminación, la pintura, la animación y la música le permiten multiplicarse y transitar libre y con propiedad en su mente y espíritu.

El personaje fue diseñado para que el público no solo vea a una mujer, sino a una vida entera contenida en un cuerpo. La imagen de Rosa es íntima, digna y profundamente humana.

[RD]: ¡Asegúrese de obtener sus boletos para la actuación de Rosa en OZ Arts el 12 y 13 de noviembre!

 



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